“Dichosos los que mueren en el Señor” (Ap 14,13)

EL medio día del martes 03 de junio del 2025, en la Catedral Castrense Jesucristo Redentor, tuvo lugar la solemne celebración de exequias de Monseñor Víctor Manuel Ochoa Cadavid, Obispo Castrense de Colombia, quien partió a la Casa del Padre dejando una huella profunda en el corazón de nuestras Fuerzas Militares y de Policía, así como en sus familias.

La Santa Misa fue presidida por su Eminencia el Cardenal Luis José Rueda Aparicio, Arzobispo de Bogotá y Primado de Colombia, en un acto cargado de fe, gratitud y esperanza cristiana. Lo acompañaron la familia de Monseñor Víctor Manuel Ochoa Cadavid, Obispos de la Provincia de Bogotá, presbíteros, hermanos en el episcopado, autoridades del Ministerio de Defensa, la Cúpula Militar y de la Policía Nacional, y fieles del Obispado Castrense de Colombia. Todos se unieron en oración y rendieron un sentido homenaje, con honores religiosos y militares, a quien dedicó su vida a servir con amor al Evangelio y a la patria.

En horas de la tarde, los restos de Monseñor fueron trasladados a su tierra natal, Bello, Antioquia, para su velación en la Capilla de Hatoviejo, ubicada en el Parque Principal del municipio. Allí, el pueblo antioqueño también tuvo la oportunidad de despedir a su hijo, pastor y guía espiritual.

El miércoles 4 de junio, en la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Bello, se celebró la Solemne Eucaristía de Exequias a las 15:00 horas, presidida por Monseñor Francisco Javier Múnera Correa, Arzobispo de Cartagena y Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia. Al concluir la ceremonia, Monseñor Víctor Manuel fue sepultado en la cripta de esta misma parroquia, como signo de su eterno descanso junto al pueblo que lo vio nacer y que tanto amó.

Hoy elevamos nuestras oraciones por el alma de quien, con entrega, fidelidad y una profunda vocación pastoral, acompañó espiritualmente a los hombres y mujeres que visten el uniforme de la nación, así como a sus familias. Su testimonio de fe, servicio y amor incondicional al Evangelio permanecerá como luz en el camino de quienes continúan su misión.

Monseñor Víctor Manuel, buen pastor, gracias por tu vida ofrecida al servicio de Dios y de la patria. Nos deja el legado de un corazón sacerdotal, entregado sin reservas, que vivió con intensidad el llamado del Señor.

“Dichosos los que mueren en el Señor, porque sus obras los acompañan.” (Ap 14,13)

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