“Gaudete et exsultate”: Nueva exhortación apostólica del papa Francisco

Con esta nueva exhortación apostólica, el Papa Francisco hace una llamada a la santidad, procurando encarnarla en el contexto actual con sus riesgos, desafíos y oportunidades. Porque a cada uno de nosotros el Señor nos eligió «para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor». “Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada”, observa el Santo Padre.

Para un cristiano, no es posible pensar en la propia misión en la tierra sin concebirla como un camino de santidad. “Cada santo es una misión; es un proyecto del Padre para reflejar y encarnar, en un momento determinado de la historia, un aspecto del Evangelio. Esa misión tiene su sentido pleno en Cristo y solo se entiende desde él. En el fondo la santidad es vivir en unión con él los misterios de su vida”.

En la exhortación, el Papa recuerda que para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos y advierte acerca de la “tentación de pensar que la santidad está reservada solo a quienes tienen la posibilidad de tomar distancia de las ocupaciones ordinarias, para dedicar mucho tiempo a la oración”. “No es así. Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra”, afirma.

El documento también indica que “la santidad es el rostro más bello de la Iglesia” pero “aun fuera de la Iglesia Católica y en ámbitos muy diferentes, el Espíritu suscita «signos de su presencia, que ayudan a los mismos discípulos de Cristo»”. Por otra parte, Francisco resalta el hecho de que san Juan Pablo II recordó que «el testimonio ofrecido a Cristo hasta el derramamiento de la sangre se ha hecho patrimonio común de católicos, ortodoxos, anglicanos y protestantes».

Los enemigos de la santidad

El segundo capítulo de la exhortación está dedicado a “dos falsificaciones de la santidad”: el gnosticismo y el pelagianismo. El Papa añade que algunos grupos cristianos “dan excesiva importancia al cumplimiento de determinadas normas propias, costumbres o estilos”, reduciendo el Evangelio. “Es quizás una forma sutil de pelagianismo, porque parece someter la vida de la gracia a unas estructuras humanas. Esto afecta a grupos, movimientos y comunidades, y es lo que explica por qué tantas veces comienzan con una intensa vida en el Espíritu, pero luego terminan fosilizados… o corruptos”, asegura.

Para evitar esta falsificación de la santidad, en e invita a recordar frecuentemente que existe “una jerarquía de virtudes, que nos invita a buscar lo esencial. El primado lo tienen las virtudes teologales, que tienen a Dios como objeto y motivo. Y en el centro está la caridad.”

Fuente: infovaticana.com/

Obispado Castrense

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