Invocación día de la memoria y solidaridad con las víctimas

“El siervo de Yahvé fue despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”. Isaías 53, 3-5:

 No podemos olvidar los dolores causados en hermanos nuestros, militares, policías y civiles, por la irracionalidad de la guerra y por la maldad humana.

Hacemos hoy presente ante el Dios de la vida, la paz y la reconciliación a quienes han sido sacrificados en nuestro país por culpa ajena y que han perdido el derecho a vivir o que llevan en su cuerpo las huellas y limitaciones de acciones inhumanas.

Con el pecado, soberbia de rechazo de la criatura contra su Creador, entró la muerte. Caín mató a su hermano Abel, víctima inocente de un hermano con espíritu cegado por la envidia.

De ahí en adelante las guerras han constituido gran parte de la historia de la humanidad dejando junto a hombres y mujeres justos e inteligentes una serie de víctimas inocentes y victimarios carentes de sentimientos y llenos de pasiones irrefrenables que no conocen límites, ni respetos, ni consideraciones.

El Hijo de Dios, Cristo Jesús, cuando se hizo uno de nosotros no escapó a la intolerancia. Voces incoherentes y manipuladas gritaron al gobernador romano: crucifícale, crucifícale.

La violencia de los golpes, de las burlas y vejaciones se estrelló contra el cuerpo de Jesús. En la cruz lo contemplamos como víctima que voluntariamente acepta inmolarse por nuestros pecados, y responde con perdón al ánimo beligerante de la destrucción.

Oremos:  A ti, Señor Jesús. muerto sin culpa y por nuestros pecados nos dirigimos hoy las Fuerzas Militares y de Policía de Colombia para mantener viva la memoria de las víctimas que causa la guerra y la delincuencia en nuestra patria. Queremos colocar esos hermanos nuestros hombres y mujeres, niños y niñas, familiares y compañeros, al pie de tu cruz santa. Unidos sus dolores a los tuyos tienen un sentido redentor.

Continúa tu intención de librar a los humanos del pecado para que se pueda cumplir tu plan de un nuevo orden de cosas, un cielo y una tierra nuevos y establecer tu Reino desde ahora en nuestro tiempo y geografía.

Asócialos a tu resurrección y triunfo para que vivan contigo por siempre en la gloria, y su recuerdo nos disuada de los malos caminos seguidos hasta hoy.

Te lo pedimos a ti cordero inmolado, molido por nuestros pecados y vencedor por tu Resurrección. A ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

AMEN

Virgen de los Dolores da tu consuelo y esperanza a los que sufren.

Bogotá D.C., 6 de abril de 2018

Obispado Castrense

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