Homilía Monseñor Fabio Suescún Mutis en las Ordenaciones Sacerdotales.

Hoy, estamos de fiesta, y estamos de fiesta porque una vez más comprobamos que Dios es bueno y  es generoso con nosotros, queremos dar gracias al Señor que sigue alimentándonos con la juventud de quienes quieren  hoy ser consagrados al  servicio del Señor , en este mundo tan particular como es el mundo de nuestras Fuerzas Armadas de Colombia.  Los militares, los policías, sus familias, todos los que trabajan en el Sector Defensa constituyen para nosotros la responsabilidad de la evangelización y del acercamiento de todos ellos al amor misericordioso y salvador de Cristo Nuestro Señor,  quiero dar gracias a Dios también por las familias de estos jóvenes que han aceptado el llamamiento del Señor, gracias por su formación cristiana y gracias por su generosidad que los lleva hoy a entregar de manera total a sus hijos para el servicio de Dios y de sus hermanos.

Hoy, estamos viviendo un misterio grande, somos testigos de una realidad maravillosa, Dios está vivo y Dios sigue manifestando su amor y obrando en favor de nosotros, lo que nos  proclama el profeta Jeremías en relación con su propia vida se hace realidad en la persona de estos hermanos  que van a ser ordenados. “Desde antes de formarte en el seno materno te conocía y antes de que nacieras te consagré y te destiné a hablar en mi nombre a las naciones” ese es el misterio de Dios que se acuerda siempre de nosotros que vive pendiente de nuestra alegría y felicidad, continúa hoy llamando, continúa hoy consagrando y continúa hoy enviando hombres para que nos acerquen a Dios y para que nosotros podamos gozar de la alegría inmensa de sentirnos amados, protegidos y guiados por el Señor.

Yo quisiera que esta promoción, que este grupo de nuevos sacerdotes fuera identificado en la historia de nuestro seminario y de nuestra Diócesis con el nombre del Papa Francisco, porque este año hemos recibido la visita del sumo pontífice y porque en este año el Papa ha hablado a los sacerdotes, ha hablado a las personas consagradas de Colombia y nos deja un mensaje profundo para nuestra vida espiritual, en Medellín el Papa dijo a los consagrados que la tarde del jueves santo, la víspera de la muerte del Señor,  Jesús ordenó a sus primeros obispos y sacerdotes y Jesús realizó en aquella tarde santa, tres gestos, tres acontecimientos de especial significado para nosotros hombre y mujeres de fe.

Lavó los pies de sus discípulos. Quiso perpetuar su memoria en el pan y en el vino y habló en aquella tarde a la intimidad de aquellos que comenzó a llamar sus amigos, compartiendo lo más cercano lo más caro de su propio corazón. Estos tres eventos del Señor, en la tarde del jueves santo, ilustran el acontecimiento que hoy nosotros vamos a realizar y la identidad que a partir de este momento identifica a los nuevos sacerdotes, a los nuevos diáconos a los nuevos acólitos y al nuevo lector, Cristo lavó los pies a sus discípulos, ese gesto por el cual el Señor quiere decir que quiere que sus apóstoles sean hombres de amor en el servicio, Él no vino a ser servido, Él vino a servir y quiere que nosotros realicemos como consagrados de manera particular nuestra vida al servicio de  los demás. El diaconado, sintetiza lo que quiere el Señor, el diácono es el ministro servidor de los más necesitados, de los más pobres, de aquellos que necesitan nuestra cercanía.  El Señor quiso que ese sacrificio por nuestra redención en la cruz y su resurrección gloriosa quedaran como acontecimiento vivido diariamente por nosotros en la sagrada Eucaristía.  La eucaristía es el centro de nuestra vida cristiana de ahí sale toda la salvación, toda la enseñanza, todo el amor.

El acólito da un paso para acercarse al altar y el presbítero tendrá en sus manos el presidir la Eucaristía, para que la salvación de Cristo siga llegando a todos los hombres. Y finalmente el Señor abrió su corazón, habló de corazón a corazón, les dijo aquello que más sentía en el momento de la entrega, de la traición, pero también en el momento maravilloso de la salvación, la palabra de Dios, el verbo transmite su palabra a los apóstoles para consolarlos, para guiarlos, para animarlos y para que esa palabra fuera también salvación para nosotros, es la función del  lector, y es la función de diáconos y de presbíteros que tienen que ser los anunciadores de la buena noticia al mundo, “Evangelizamos las Fuerzas Armadas” es el lema que nosotros tenemos en nuestro servicio a las Fuerzas Armadas de Colombia, “Ay de mi si no evangelizo”,  “Pobre de mí si no llevo una buena noticia al mundo”;  acaba de decirnos el apóstol Pablo en su carta primera a los corintios.    ¿Qué ha pasado en estos jóvenes?, ¿Cuál ha sido su historia de vida hasta el momento? Tal vez hay una pregunta en el fondo del corazón de los que son un poco alejados de la realidad eclesial y la repuesta es única, estos jóvenes en su vida han experimentado la presencia fascinante, amorosa, cautivante de Cristo nuestro Señor, ha sido una experiencia personal,  profunda;  le han entregado a Cristo todo y ahora quieren ser todo de Cristo, ellos pueden decir lo que el documento conclusivo de Aparecida  expresó para los cristianos discípulos de Jesús, para ellos conocer a Jesús es el mejor regalo que nos ha ocurrido en la vida y dar a conocer a Cristo con la palabra y con las obras es nuestro gozo, el gozo de evangelizar.   Estos hermanos hoy, que se han entregado al Señor y al pueblo santo, tienen que cumplir la misión de la vid del señor Jesús en la noche santa quiso dar demostración a sus discípulos, “Yo soy la Vid, ustedes son los sarmientos, las ramas y los sarmientos están destinados a dar fruto abundante y aquel que da el fruto será podado para que produzca más fruto y aquel que no produzca fruto, será cortado y arrojado al fuego.   Hoy, estos nuevos presbíteros son configurados con Cristo, otros Cristos llenos de la savia del Espíritu Santo y destinados a dar frutos; de obras buenas, pastorales, evangelizadoras en beneficio del pueblo de Dios. ¿Qué deben hacer estos nuevos presbíteros de manera compleja?. seguir lo que el Señor ha dicho: “Permaneced en mí, porque sin mí, no podéis hacer nada” “vosotros que habéis experimentado la experiencia de quien soy yo,  que tenéis el poder del Espíritu, debéis dar fruto abundante en beneficio de vuestros hermanos”.  Queridos sacerdotes quiero enviarlos en nombre del Señor para que sean pastores santos que apacienten el rebaño de Cristo y para que mi presencia como pastor de Obispo sea presencia que ustedes hagan realidad en las diversas parroquias castrenses que nosotros tenemos. Queridos diáconos, los vamos a consagrar para que sean servidores de los demás y para que anuncien a todos esa buena noticia que transforma la vida de quienes se dejan tocar el corazón por Jesús, queridos ministros del altar y ministros de la palabra, os investimos del poder de Dios, para que escuchéis a Jesús y lo anunciéis, para que sirváis al altar y recibáis los dones que vienen del Señor.  Finalmente, invoquemos a María, madre del sumo sacerdote, la mujer obediente, la portadora del que salva, Cristo el Señor, la que quiero que sea para todos ustedes, mis queridos neo presbíteros y diáconos, la madre y la reina de su vocación.  Alabado sea el Señor y oremos para que sean sacerdotes santos, diáconos servidores y ministros dignos para el bien de nuestras Fuerzas Armadas de Colombia, Amén.

 

 

 

 

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